He sido más consciente de lo que pienso, siento y hago.
Puedo identificar con mayor claridad qué me afecta emocionalmente.
He logrado pausar antes de reaccionar impulsivamente.
Reconozco mejor mis emociones, aunque no siempre sepa gestionarlas del todo.
He empezado a observar mis patrones sin juzgarme tanto.
He intentado aplicar lo que trabajo en terapia en mi vida diaria.
Me comunico de forma un poco más clara u honesta que antes.
He puesto al menos un límite que antes no ponía.
Me responsabilizo más de mis decisiones y reacciones.
He notado pequeños cambios en mi forma de actuar o pensar.
Me trato con más respeto que al inicio de mi proceso.
Comprendo mejor que el cambio es progresivo, no inmediato.
He aprendido algo nuevo sobre mí que antes no veía.
Puedo reconocer avances, aunque aún existan dificultades.
Me siento más comprometido/a con mi proceso personal.